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sábado, 1 de octubre de 2011

Bajo la forma de un ave



Siempre algo tan frágil, tan endeble y que parece romperse contra el viento; romperse y levar , levar sus anclas y a su vez deja que el mar choque contra sus alas...


Manuela Durán se vio a sí misma soñádose,viviéndose, sintiéndose.
Mientras ella se soñaba,soñándose bajo una forma que no era la conque se percibía,vivenciaba plenamente que su cuerpo, todo su ser, tenia la forma de un ave.


Era una ave de blancura trasnparente,pero físicamente compacta.
Ella volaba,volaba porque venía huyendo de la fría heladez de los polos glaciales.
Entre la neblina y la aridez de aquel paisaje,sus pequeños ojos buscan un lugar donde reposar.
La pequeña ave sentia que sus alas y las plumas que cubrían su cuerpo ,se entumecían ,presa de un cansancio milenario,no se daba cuenta que,poco a poco el,el frío granizar se iba quedando.


De pronto ¡uff! pensó ; creo que he volado tanto,tanto que parecen siglos.- Miró y vio hacia lo lejos, un poco más arriba de su vista; sí era un bosque.
¡Por fin! - Exclamó el sonido en la voz de su pecho que se llenó de alegría.
Los primeros rayos del sol acompañaron su llegada a ese maravilloso y frondoso lugar.


Los rayos del sol ,penetraron su cuerpo,los sentía tiernos,cálidos,suaves caían sobre ella,sobre sus plumas, sobre sus alas, sobre todo su cuerpecito.
Fue entonces cuando logró posarse sobre la rama de un hermoso árbol; pero estaba tan exhausta y a la vez tan contenta,que le era casi imposible darse cuenta que estaba agonizando; sintió como poco a poco la vida,su vida de ave se extinguía.


Mientras tanto el sol seguía abrazando sus plumas, sus alas...
Después todo fue silencio,sólo fraccionado en décimas de segundos, porque ella volvió a sentirse convertida en átomo.
Eso era incréible ,maravilloso, luego en una molécula, cada vez más y más pequeña, pequeñitica, diminuta hasta desintegrarse por completo.
Todo eso ella, el ave, lo vivenciaba a plenitud, lo sentia en su propia materia infinita, e indolora, lo sentía porque todo eso era la expresion máxima de su ser.


La desintegración a la que ella llegaba tomó la forma de un mar absolutamente claro, de un azul infinito, bellísimo ,transparente.
Manuela Durán abrió sus ojos y se quedó muy quieta en el lecho.
Todavía el gozo de una felicidad indecible invadía todo su ser.
Sí, ella Manuela Durán, supo cómo era la forma de su alma.

Beatriz Elena...  

Narración extraída, del librito; Voces de la Noche, publicado en diciembre de 2001

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