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domingo, 5 de marzo de 2017

EL VIAJE Y LA OBRA

                                                                    
                                                                        

EL VIAJE   Y   LA OBRA
Ella regresó del viaje,  por la  nocturna cuesta del sendero marcado.  Ascendió por la colina y diviso  los valles y  las planicies y a lo lejos,  las ciudades  resplandecientes…
No obstante observó,    que los primeros rayos del  amanecer,  se acercaban;  contrastando  así y  de algún modo,  el verdor de esa tierra,  con el azul,  entrelazado en  tonalidades  rojizo y naranja  de esas horas.
Ella, que siempre se había arropado  con la noche y  vestido con lluvias que  humedecían su lecho; por cierto estaba cubierto de hojas blancas, verdes y rojas, se quedó yaciente por el cansancio y así, la encontró  el sol destructor del medio día, que atravesó sus párpados, dando escandalosamente en su rostro y partiendo sus labios, que quedaron resecos por la exposición a tan bravo fuego y de su garganta reseca,  surgió un grito de sangre y de muerte  ¿O quizá ese grito significaba otra cosa?  Pero aún,  no era posible que eso,  significara vida,  a pesar de eso, de todo; todo era oscuro, muerte,  casi eterna; ya que ella, no se libraba aún,  y en  esa dura batalla  contra la sombra, sombra que  abría  sus fauces para tragársela, Estefanía, supo, que en cualquier monto sobrevendría la dicha; pero hasta este momento, hasta ese entonces, continuaría  oculta en  la  rocosa pared, entrelazada por así decirlo, con la parturienta oscura y ya no habría lugar,  para que una cosa se confundiera con la  otra; ahora ya sabía,  que las dos,  no tendían,  hacia  un mismo fin,  un mismo objetivo; pero ella debía  de ser objetiva,  en ese momento y resguardarse  contra  la innombrable, para así poder perpetuar la vida, la que deseaba,   ya que es  fuente  magnánima ; algo se  lo gritaba  adentro, y de esa magna y sideral quería beber, hasta embriagarse, pero de felicidad, de  alegría, hizo un esfuerzo sobre humano  y se inclinó, quedando sentada y luego se hecho hacia un costado , rodando,  buscando la parte cobijada  por los árboles , allí esperaría  su llegada, pero ya no tenía las manos vacías, estaba buscando, tenía un ideal, como punto de apoyo, entre un sueño volátil y casi etéreo  pero sabía que si lograba fundir espíritu y materia, tal y como se aferra el hueso a la carne, y además intentando, dar la pincelada final, esa que diera un matiz  único, dorado, un  color buscado y no buscado , para así terminar ese cuadro,  esa pintura más significativa, ese ideal, mas no idealizado , porque no era una fantasía, era la realidad ; esa,  que es imperceptible,  al mundo de los sentidos , la que profanos no reconocerían  como tal, porque se hallan constreñidos a lo que está delante de su ojos…
Sí, ella regresó del viaje y tan solo,  para retomar de nuevo el camino, estaba  ya,  en el punto de encuentro  máximo   y comprendió,  que siempre habrá un comenzar de nuevo, un renovarse, un levantarse  de una muerte,  tras otra muerte  y solo se termina para mirar  otra vez  y desde un ángulo diferente . Boca abajo, oculta; así  la encontraría   de nuevo la parturienta   oscura y entonces, se levantó y grito Eureka; si, la lucha es ardua, hay que seguir andando, no me puedo detener  ¿En dónde estará el tesoro que el viejo pirata  robo en alta mar y luego escondió? Lo buscaré se dijo ¿Pero hasta cuándo? ¿ hasta cuándo?     
 Hasta encontrar un punto de apoyo, un punto de apoyo,  entre el tesoro y yo y  y0oooo
Sí,  ese será el punto, que hará, que la pincelada mágica  encuentre ese contraste,  entre la sombra y la luz, entre la noche y el día, entre mi conciencia y yo  ¿y yo?
Y cuando llegó la parturienta,  con sus fauces de loba,  y sus hienas  fulgurantes  de emanaciones podridas  y   de  fétida saliva;   dispuesta a tragarse,   hasta el último  fragmento de la sustancia que emanaba de ella, Estefanía  estaba  ya  de pie,  en lo alto, recreándose con  su obra y  justo,  justo en ese momento,  ya había  trazado  la pincelada  mágica... 
 Y ante el grito de Estefanía,  de ¡Eureka!  No le quedó  más remedio,  que retroceder  disminuida,  por  ese grito, que la  conturbó y la llenó de rabia, pero nada podía  hacer …

 Beatriz Elena Morales Estrada© Copyright

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